SIN SABER DE LETRAS


Roberto Tejada

Roberto Tejada

Publicista

URL del sitio web: http://robertotejada.com
Lunes, 23 Octubre 2017 13:09

¡AY MI MOLTALEDA!

Próximo a la salida del barrio donde vivía durante mi infancia, existía un comercio de chinos llamado “Supermercado Lee”. El negocio era supervisado directamente por su propietario, conocido como el chino Lee. Ese personaje tenía la facultad de estar en todos lados al mismo tiempo.

No había algo que se moviera dentro o fuera del local que él no tuviera el control.

Durante una crisis muy famosa en nuestro país, en medio de la cual un presidente mandó a la ciudadanía a comer piedras, se desarrolló una peligrosa huelga nacional de varios días en la que participaron casi todos los sectores de la sociedad. Una mañana de esos turbulentos días de paralización, algunos de los jóvenes fascinerosos del barrio violentaron el establecimiento, robando de manera violenta algunas provisiones, hasta la intervención de la policía.

Me contaron las malas lenguas -porque yo no estaba ahí- que al comerciante lo que más le dolió fue que le robaron sus embutidos, ya que solo se le escuchaba decir: ¡Ay mi moltaleda! ¡Se han robado mi moltaleda! Después de esos eventos, era característico escuchar en el coloquio del lugar: ¡Ay mi moltaleda!

Miércoles, 02 Agosto 2017 13:00

Huella de Infancia

El 13 de mayo de 2017 se cumplieron 19 años de mi graduación en La Escuela de Diseño de Altos de Chavón como diseñador gráfico, fecha irrelevante si no hubiese sido por una conversación que sostuve por Facebook con mi ahijada de 22 años, Vanessa Reynoso.

La ceremonia fue en la ciudad de piedras, Altos de Chavón, en la Romana, donde asistió mi ahijadita adorada que para ese entonces contaba con tres años de vida. Era una niña hermosa, llena de salud, rosadita, y de pelos cortos chorreados y ojos saltones.

Durante la mencionada conversación le pregunté que si recordaba cómo se había hecho la cicatriz que tenía en la barbilla a lo que respondió rápidamente con un sí que me sorprendió. Recuerda con tanta precisión que pareciera que fue algo que ocurrió recientemente, como estaba vestida, que se había pasado toda la mañana detrás de un monito de juguete que cantaba la macarena mientras chocaba unos panderos que tenía en las manos y movía los pies, como yo y mi madre estábamos vestidos y que después de cortarse solo quería que yo la cargara.

Me dijo que atesora en sus recuerdos más preciados esa huella de infancia, que si no haber pasado, hoy no podría regresar en el tiempo con tanta facilidad. Yo recuerdo la preocupación que nos causó aquella herida, imagínense una niña tan pequeña bajo nuestra responsabilidad, regresarla a su casa con esa marca que llevaría toda su vida, sin embargo, para ella es de gran orgullo decir que gracias a ese hecho ella recuerda siempre la cercanía que tiene desde niña conmigo y mi familia.

Lunes, 17 Julio 2017 14:36

Zombis del sistema

Esa mañana salimos temprano de casa con rumbo a Barahona. Mi hermano me había manifestado su interés de que viajáramos en familia a Bahía de Las Águilas, que, aunque está en otra provincia mucho más lejana, después que estuviéramos ahí era mucho más fácil llegar a Pedernales.

El motivo principal del viaje era dar un pésame a un buen amigo, al cual le había fallecido su padre el día anterior y de camino a nuestro destino decidimos hacer una parada de conocimiento en un santuario que se encuentra en Las Tablas de Baní. Así lo hicimos y lo allí ocurrido dio título a este escrito.

Por ser temprano nos encontramos, como es natural, con pocas personas. Al momento de irnos, mi hermano, disimuladamente, entregó una ofrenda a la persona encargada de salvaguardar el lugar. Sin embargo, yo cometí el error de sacar dinero y dárselo en público y le pedí que lo compartiera con unas tres o cuatro personas que estaban ahí.

Digo que fue un error porque en fracciones de segundos, como si hubiesen podido oler el dinero, el lugar se llenó, salidos de la nada, de individuos, de ambos sexos y edades que reclamaban su parte de lo recibido. Zombis del sistema que salían desde las casas más lejanas hasta la más cercana, que también estaban bastantes retiradas, que caminaban con las miradas perdidas. En su mayoría lánguidos, a medio vestir.

Esa fue una experiencia desoladora, llena de una realidad que desborda en miseria la pobre gente de mi pueblo blanco, que como bien decía aquel, “vivimos en un país rico pobremente administrado”.

Lunes, 22 Mayo 2017 12:26

Ramón, "El Veloz"

En toda familia hay personas que se convierten en personajes. En la mía, por parte de mi mamá, Ramón, el sobrino mayor, tiene ese honor.

Siempre se ha sabido entre nosotros que el papá de esos primos era, como se le dice en el argot popular, muy “caprichoso”. Sin embargo, el conocimiento de ese dato no nos da claridad sobre el origen de las ocurrencias que convierten al mencionado miembro familiar en una figura emblemática.

En sus años de independencia, Ramón se mudó en el barrio donde yo nací y me crie y trabajaba en el mismo restaurante donde lo hacia mi papá. Desde ese momento dio señales que lo hacían sobresalir, al grado de llegar a ser una persona sumamente esperada en los lares familiares, pero las aguas se pararon cuando compró su motor Honda C 70.

Las historias de sus andanzas se convirtieron en leyendas urbanas tanto así que él mismo llegó a autodenominarse “Ramón el Veloz”. Describía cómo los vecinos y conocidos quedaban asombrados por su gran destreza y velocidad al volante, asegurando que incluso, muchos de ellos cuando escuchaban el sonido de su moto, y querían salir a verle, le era casi imposible conseguirlo, por lo que generalmente solo podían exclamar: “¡ahí va el Veloz!”.

Después de muchas tertulias familiares donde él se encargaba de colocar el tema y hacia la salvedad de su historia, jamás fue llamado solo por su nombre, de ahí en adelante, en toda la familia y entorno cercano es conocido por sus aventuras fabulosas y su pegajoso mote: “Ramón el Veloz”.

Martes, 25 Abril 2017 12:06

...Para hacerle chapita

Una tarde calurosa de verano fuimos a visitar a una de mis tías del segundo matrimonio de mi abuelo, razón por la cual hablamos de otra tía de la misma edad que yo tengo.

Cuando llegamos a la casa en cuestión, algo llamó poderosamente mi atención y me sorprendió sobremanera. Pedro, el esposo de mi tía, lucía su cabeza totalmente raspada, brillosa, relucientemente limpia. Se podía decir que no tenía ni un pelo, nunca antes le había visto sin gorras.

Aquella cabeza estaba como el famoso percal de la canción. No podía dejar de mirarla. En eso, después del saludo y todos los detalles de la bienvenida, pasamos al patio para departir en familia. Por coincidencia de la vida quedé sentado frente a frente al tío Pedro. No quieran saber lo inquieto que me encontraba contemplando aquella cabeza, hasta que no aguanté y le dije:

— Pedro, ¿está cómoda esa peladita, verdad? Isaac, el hijo de mi tía, de unos 10 años, que no es hijo de Pedro, inmediatamente escuchó mi comentario agregó:

— ¡Esa cabeza pelaita¡ Lo que esta buena es para hacerle chapita.

— Mire Isaac, qué es lo que usted está opinando ahí, no le falté el respeto a su papá, sentenció una voz de mujer con acentuada molestia. Ese muchacho nos dio motivos para reírnos cada vez que recordamos sus palabras sobre la cabeza del padrastro y su agilidad para responder con tanta precisión y creatividad.

Martes, 21 Marzo 2017 16:44

La Tía Inocente

La inocencia de cuando somos niños nos lleva a ver a nuestros padres y tíos adultos como personas superdotadas, capaces de conseguir todo lo que se proponen. En contraste, ahora vemos a muchos de ellos como niños, viéndonos capaces de conseguir todo lo que nos proponemos.

Con esa reflexión, escrita por mi hermano, iniciamos lo que fueron los preparativos para la realización de un encuentro familiar que reunió -por primera vez- casi la mayoría de los integrantes de las familias Tejada-Bovier en el municipio San Francisco de Macorís, de la provincia Duarte.

Ese párrafo no fuera tan contundente, sino fuera por el significado que él en si mismo encierra, significado que lo he comparado con el accionar dentro del núcleo familiar de una tía, hasta antes de enfermar de Alzheimer.

Esa tía se dedicó, desde muy joven, al oficio de enfermera, desarrollándose y abriéndose camino por su gran dedicación y amor al prójimo.

Hoy, esa tía que antes lucía de acero, por el contrario, se ve frágil y débil, con la mirada perdida y sus recuerdos olvidados, encerrados en un lugar que ya no es capaz de dejarlos salir cuando se les necesitan. Aquella mujer, resuelta, diligente, abnegada, comprensible, inspiradora y luchadora, ya no esta más con nosotros.

Se posa sobre ella una gran inocencia de niño. Nos toca ahora a nosotros ser los guardianes de sus mejores momentos, nos queda ahora cuidar de la tía inocente y garantizar que su legado se mantenga vigente en las futuras generaciones familiares.

Jueves, 02 Marzo 2017 14:06

VERDUGA DEL SEXO

Cuando es adquirida, hablar de su belleza es inevitable. No hay hombre, por recatado que sea, que no sucumba ante sus bondades después de probarla.
Sus líneas contorneadas, fabricadas a la perfección; su modelo aerodinámico, su delicadeza y suave andar que convierte su interior en el lugar de convergencia perfecto entre tiempo y espacio, haciéndola un referente estético de la creación humana.
Aunque es incapaz de pronunciar palabra alguna, emite un sonido melódico desde lo más profundo de su interior que me hace confesar que, luego de “usarla”, quedo con deseos de seguir sobre ella. Montarla es una experiencia inolvidable, irresistible, feroz y jadeante. El único de entre nosotros, simples mortales, apto para resistirse a su seducción es Roberto Cabrera. Sólo él era lo suficientemente valiente de mirar hacia la parte izquierda del tablero de la jeepeta nueva para ver la señal de combustible y anunciarlo en el preciso momento en que se encendía.
Era ella, “la verduga del sexo”, llamada así por Cabrera porque el ícono, una simplificación de la pistola de presión de la manguera de una bomba de combustibles que se introduce en el tanque de gasolina de los vehículos, según el amigo, evoca el órgano reproductor masculino, pero por su condición de señal, la convertía en femenina y era así como cada vez que teníamos la oportunidad de pasear juntos en la jeepeta nueva de uno de nuestros dilectos amigos, que responda a las cualidades más arriba mencionadas.
De vez en cuando, escuchábamos decir: “se encendió “la verduga del sexo”, ¿a quién le toca?”

Martes, 31 Enero 2017 12:38

ELLA ME AMA

Cuando vivía fuera del país, en una isla turística pequeñísima del Caribe, de hecho un poco más pequeña que la provincia de Santiago, observé que es un sitio muy placentero y con mucha permisividad para la diversión, además de que posee muchos lugares de entretenimiento para adultos, donde las mujeres, de diferentes partes del mundo son la principal fuente de atención.

Tenía allá un amigo que era asiduo visitante de esos lugares nocturnos y en una ocasión se enamoró perdidamente de una dama que prestaba sus servicios en uno de los mencionados centros de entretenimiento.

Yo la conocí por casualidad en una tienda por departamentos de hindúes. Sin mentirles, esa jovencita debe ser una de las mujeres más bellas que yo he visto en mi vida, y cuando él estaba con ella, siempre llegaba diciendo “Ella me ama...”

Un día se me ocurrió preguntarle  si ella le cobraba por darle amor y él se quedó un rato pensando y no me respondió. Después de ese día cambió su frase, por supuesto luego de estar con la dama decía, “Ella me ama... me cobró, sí, pero me dijo que me ama”...

No sé en qué terminó la relación, nunca más supe del pana, pero me cuentan que fue tanto su amor que cuando ella se marchó de retirada del lugar, hacia su país, él salió tras ella y todavía vive en el país de ella con el recuerdo de la mujer que lo amó.

Lunes, 16 Enero 2017 12:49

INTENSO DOLOR INOLVIDABLE

Sin dudas, la memoria de los niños es uno de los lugares más seguro para guardar recuerdos y ocurrencias, sin pretender contradecir a los expertos en conducta humana, los psicólogos o la Neurociencia, esta última un área del conocimiento desarrollada más reciente.

Sólo pretendo rememorar, de mi época de niño, uno de los dolores más intensos que haya presenciado. Ocurrió una tarde-noche, al ver llegar a mi padre del trabajo, más temprano que la hora de costumbre y quien llegara con un fuerte dolor de muela.

Al principio, estuvo todo dentro de lo normal, hasta que después de estar ya casi dormido, mi mamá me envió junto a mi hermano a buscar a mi tío Lion, hermano de papi y a padrino Chilo, hermano de ella, para que ayudaran a buscar la manera de calmar el intenso dolor de mi padre. Ambos eran vecinos cercanos.

Esa noche vi a papi retorcerse del dolor, mientras era sujetado por uno de mis tíos y otro vecino amigo que también había acudido en ayuda, mientras mami colocaba todo tipo de alicientes curativos en el causante de la infausta molestia.

No recuerdo cómo fue que lograron apaciguarle, pero lo que nunca podré olvidar es aquel dolor intenso que mostró mi padre.

Muchas veces señalamos que no hubiese sucedido con tal intensidad si, en aquellos tiempos, hubiesen existido los avances tecnológicos de hoy en día, ya que –en ese entonces– hasta para llevar a una persona al médico, debían hacerse malabares para no fracasar en el intento, más aún si era en horas de la noche.

Viernes, 13 Enero 2017 14:39

¿LA IDEA … MARINO?

Ningún dominicano desconoce que existen regionalismos en el país. Estos no son más que formas de hablar particulares de un territorio determinado  y el significado que se le da a ciertas palabras, depende de la zona geográfica de procedencia de la gente. Esas formas de hablar originan que las palabras tomen giros distintos y en algunos casos son pronunciadas de otra manera, siendo así que en las provincias del Sur se habla de una manera, en las del Cibao de otra, y en las del Este, de forma diferente a las anteriores.

 En ese sentido, quiero compartir una experiencia con una palabra que tomó otro significado durante una visita que realizáramos a una tía de mi padre en San Francisco de Macorís, en los tiempos en que me había graduado de publicista, a finales de los años 90’s.

A tía le llevamos una foto-retrato mía que realicé en mis tiempos de estudiante y, mientras se la entregaba, le explicaba lo que representaba la imagen. En varias ocasiones salió a relucir la palabra idea.

Marino, primo de mi papá que era parte de la conversación, aparentemente se confundió con la explicación y, después de que intentáramos explicarle en varias oportunidades en qué consistía la foto, se le preguntó por la idea, para saber si había entendido.

¿La idea Marino? A lo que respondió sin dudar: —Un lugai donde viven peisonas…

Creo que en ninguna otra parte del mundo podría pasar algo así. No obstante, esa situación me ayudó a comprender la complejidad que nos caracteriza como seres humanos capaces de pensar y reaccionar según el entorno que nos rodea.

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